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Cairo+15
Resolución 2009/3 de la Comisión de Población y Desarrollo de Naciones Unidas

Promoción de la igualdad entre los géneros y del empoderamiento de la mujer

52. Tanto en el Programa de Acción como en la Declaración del Milenio se hace un llamamiento en favor de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer, reconociendo que ambos son esenciales para combatir la pobreza, el hambre y las enfermedades y lograr el desarrollo sostenible. En el Programa de Acción se propone la adopción de una serie de medidas amplias para mejorar la situación de la mujer, haciendo hincapié en la importancia de la participación igual y la representación equitativa de la mujer en todos los niveles del proceso político; aumentar la capacidad de la mujer para obtener ingresos en distintas ocupaciones a fin de lograr su autonomía económica; asegurar la igualdad de acceso de la mujer al mercado de trabajo y a los sistemas de seguridad social; y asegurar la igualdad de derechos de la mujer para adquirir, poseer y vender bienes y tierras, obtener créditos y negociar contratos en nombre propio, y ejercer sus derechos jurídicos de herencia (párrs. 4.4 y 4.6).

53. En el Programa de Acción también se señala que la educación es uno de los medios más importantes para habilitar a la mujer con los conocimientos y las aptitudes que necesita para participar plenamente en el proceso de desarrollo (párr. 4.2) y se insta a los gobiernos a que garanticen el acceso universal y lo más pronto posible de las niñas y las adolescentes a la enseñanza secundaria y superior y a la formación profesional y técnica, con miras a eliminar para el año 2005 la disparidad entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria (párr. 11.8), en consonancia con la meta fijada en el contexto del tercer Objetivo de Desarrollo del Milenio de eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria para el año 2015. Se ha avanzado considerablemente en la eliminación de esas desigualdades. Entre 2000 y 2006, la tasa de matriculación de las niñas en la enseñanza primaria aumentó más que la de los niños en todas las regiones en desarrollo, y en dos tercios de los países en desarrollo se alcanzó la igualdad entre los géneros en la enseñanza primaria. Sin embargo, las niñas siguen representando el 55% de los niños no escolarizados en los países en desarrollo, y en África Septentrional, África Subsahariana, Oceanía y Asia Occidental la tasa de matriculación de las niñas en la enseñanza primaria todavía es muy inferior a la de los niños41. Esas diferencias son aún mayores en el caso de la enseñanza secundaria: en esas cuatro regiones, la tasa de matriculación de las niñas en la enseñanza secundaria en comparación con la de los niños oscila entre el 80% y el 88%, muy por debajo de la meta fijada del 100%.

54. El retraso del matrimonio y de la maternidad es importante para asegurar que las niñas y adolescentes sigan en la escuela el mayor tiempo posible y adquieran las aptitudes que necesitan para mejorar sus perspectivas en el mercado de trabajo. A ese respecto, en un estudio realizado en América Latina y el Caribe se comprobó que se podía aumentar considerablemente la matrícula  de muchachas adolescentes en la enseñanza secundaria si se evitaba el abandono de los estudios como consecuencia de los embarazos42. La reducción de la tasa de fecundidad entre las adolescentes es uno de los principales objetivos de los gobiernos: de los 185 que se pronunciaron al respecto, el 91% manifestó su preocupación por la elevada tasa de fecundidad entre las adolescentes, entre ellos, prácticamente todos los gobiernos de los países de América Latina y el Caribe y la mayoría de los países de África. Además, el 80% ya tenía políticas o programas para afrontar la cuestión de la fecundidad entre las adolescentes. Pese a ese compromiso, los países en desarrollo no han podido mantener después de 2000 el ritmo de reducción de la tasa de fecundidad entre las adolescentes que consiguieron entre 1990 y 2000, que sigue siendo elevada en muchas regiones en desarrollo, especialmente en África Subsahariana (119 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años), América Latina y el Caribe (73), Oceanía (63), Asia Meridional (54) y Asia Occidental (50). De hecho, incluso en las regiones en que la tasa de fecundidad general es baja, la tasa de fecundidad entre las adolescentes no se ha reducido en la misma medida, en parte debido al matrimonio precoz y a las barreras a que se enfrentan las jóvenes para tener acceso a los servicios de planificación familiar.

55. En el Programa de Acción se reconoce que es esencial que todas las mujeres tengan acceso a servicios de salud reproductiva asequibles, aceptables y convenientes para que puedan asumir el control de su vida reproductiva y programar sus embarazos en función de sus planes familiares, educacionales y laborales. La realización de los derechos reproductivos de la mujer es esencial por lo tanto para su empoderamiento. De ahí que en el Programa de Acción se haga hincapié en que se debe “velar por que el hombre y la mujer tengan acceso a la información, la educación y los servicios necesarios para lograr una buena salud sexual y ejercer sus derechos y responsabilidades en lo tocante a la procreación” (párr. 7.36 b)). También se hace hincapié en la parte de responsabilidad del hombre y se promueve la participación activa de los hombres en la paternidad responsable; el comportamiento sexual y reproductivo; la salud prenatal, materna e infantil; la prevención de los embarazos no deseados y de alto riesgo; la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH; la participación y la contribución al ingreso familiar, la educación de los hijos, la salud y la nutrición; y el reconocimiento y la promoción de que los hijos de ambos sexos tienen igual valor (párr. 4.27). Por consiguiente, para aplicar plenamente el Programa de Acción es necesario asegurar, por un lado, el empoderamiento de la mujer en todas las esferas de la vida y, por otro, una mayor participación del hombre en el ejercicio de los derechos y las responsabilidades relacionados con la procreación.

56. Un aspecto relacionado con esos objetivos es que se debe aplicar una política de tolerancia cero de la violencia basada en el género, que pone en peligro la salud y la vida de la mujer. Los costos sociales y económicos de la violencia contra la mujer son enormes. La violencia de género es más común en las sociedades en que existen normas de género que limitan la autonomía de la mujer y en que las mujeres están sometidas a leyes restrictivas en materia de divorcio y posesión y herencia de propiedades. La violencia contra la mujer va asociada a una mayor probabilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH, y de tener embarazos no previstos y problemas relacionados con el embarazo, como el aborto o el alumbramiento de niños muertos o con bajo peso. Las mujeres víctimas de maltrato pierden confianza en sí mismas y sus oportunidades educativas y laborales se reducen. Por ello, al eliminar la violencia basada en el género no sólo se evitan las consecuencias negativas para la salud de las mujeres y los niños sino que también se mejoran sus posibilidades educativas y de participación en la fuerza laboral.

41 Objetivos de Desarrollo del Milenio: Informe 2008 (Nueva York, Naciones Unidas, 2008).

42 Parfait Eloundou-Enyegue y C. Shannon Stokes, “Teen pregnancy and gender inequality in education: A contextual hypothesis”, Demographic Research, vol. 11, 2004.


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