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Primera Parte: Cairo +5
  Prólogo
Preámbulo
  Cuestiones de población y desarrollo
  Igualdad, equidad y potenciación del papel de la mujer
  Derechos de procreación y salud reproductiva
  Asociaciones y acuerdos de colaboración
  Movilización de recursos
Segunda Parte: Cairo +10

Preámbulo

El Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo1 1, aprobado por consenso el 13 de septiembre de 1994, tal como figura en el informe de la Conferencia y que la Asamblea General hizo suyo en su resolución 49/128, de 19 de diciembre de 1994, marcó el inicio de una nueva era en las esferas de la población y el desarrollo. El objetivo del acuerdo trascendental concertado en la Conferencia fue mejorar la calidad de vida y el bienestar de los seres humanos y promover el desarrollo humano reconociendo las interrelaciones existentes entre las políticas y los programas de población y desarrollo encaminados a lograr la erradicación de la pobreza, el crecimiento económico sostenido en el contexto del desarrollo sostenible, la educación, especialmente de la niña, la equidad y la igualdad entre los géneros, la reducción de la mortalidad de lactantes, niños y madres, el acceso universal a los servicios de salud reproductiva, incluida la planificación de la familia y la salud sexual, las modalidades sostenibles de consumo y producción, la seguridad alimentaria, el desarrollo de los recursos humanos y la garantía de todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo como derecho universal e inalienable y como parte integral de los derechos humanos fundamentales.

En el Programa de Acción se reconoce que el objetivo de la potenciación y la autonomía de la mujer y el mejoramiento de su situación política, social, económica y de salud es, en sí mismo, una meta sumamente importante y es esencial para el logro del desarrollo sostenible. Para alcanzar los objetivos del Programa de Acción es esencial hacer una mayor inversión en servicios de salud y educación para todos y en particular para la mujer, a fin de permitir su participación plena y en condiciones de igualdad en la vida civil, cultural, económica, política y social.

En el Programa de Acción se destaca que todos tienen derecho a la educación, que deberá estar orientada hacia el pleno desarrollo de los recursos humanos y de la dignidad y el potencial humanos, con particular atención a la mujer y la niña, y que, por consiguiente, todos deben recibir la educación necesaria para satisfacer las necesidades humanas básicas y para ejercer los derechos humanos. Se insta a la eliminación de todas las prácticas que discriminan contra la mujer y se afirma que la promoción de la igualdad y la equidad entre los géneros y la potenciación del papel de la mujer, la eliminación de todo tipo de violencia contra ella y la garantía de la capacidad de la mujer de controlar su propia fecundidad son piedras angulares de los programas relacionados con la población y el desarrollo. Se afirma también que los derechos humanos de la mujer y de la niña son una parte inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos universales. Se afirma además que los derechos de salud reproductiva abarcan ciertos derechos humanos ya reconocidos en las legislaciones nacionales, los instrumentos internacionales de derechos humanos y otros documentos aprobados por consenso. Esos derechos se basan en el reconocimiento del derecho fundamental de todas las parejas y todas las personas a decidir libre y responsablemente el número de sus hijos y el espaciamiento y el momento de los nacimientos, y a disponer de la información y los medios necesarios para poder hacerlo, así como el derecho a disfrutar del más alto nivel de salud sexual y reproductiva. También incluyen su derecho a tomar decisiones en materia de reproducción sin ser sometidos a discriminación, coerción ni violencia, según se establece en diversos documentos de derechos humanos. En ejercicio de este derecho, deberán tener en cuenta las necesidades de sus hijos nacidos y futuros y sus obligaciones con la comunidad. La promoción del ejercicio responsable de esos derechos para todos debe ser la base primordial de las políticas y los programas estatales y comunitarios en la esfera de la salud reproductiva, incluida la planificación de la familia.

La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y su ejecución deben considerarse en estrecha relación con los resultados y el seguimiento coordinado de las demás conferencias importantes de las Naciones Unidas celebradas en el decenio de 1990. El progreso en la ejecución del Programa de Acción se debe apoyar en el seguimiento integrado de todas las conferencias y cumbres importantes de las Naciones Unidas y estar en armonía con dicho seguimiento.

La aplicación de las recomendaciones formuladas en el Programa de Acción y de las contenidas en el presente documento constituye un derecho soberano de cada país, compatible con las leyes nacionales y las prioridades en materia de desarrollo, y debe realizarse respetando plenamente los distintos valores religiosos y éticos y los antecedentes culturales de su pueblo, y de conformidad con los derechos humanos internacionales universalmente reconocidos.

En el Programa de Acción se recomendaba un conjunto de metas y objetivos cuantitativos interdependientes, entre ellos el acceso universal a la educación primaria, con especial atención a la eliminación de las disparidades por razón de sexo en la enseñanza primaria y secundaria dondequiera que existan, el acceso universal a la atención médica primaria, el acceso universal a diversos servicios generales de salud reproductiva, incluida la planificación de la familia, como se expone en el párrafo 7.6 del Programa de Acción, la reducción de las tasas de mortalidad y morbilidad de lactantes, niños y madres, y el aumento de la esperanza de vida. También se propuso un conjunto de metas cualitativas que se refuerzan mutuamente y que revisten importancia fundamental para lograr las metas y los objetivos cuantitativos.

En el Programa de Acción se articula un enfoque amplio de las cuestiones de población y desarrollo y se determina una variedad de objetivos demográficos y sociales que han de lograrse en un período de 20 años. Si bien en el Programa de Acción no se cuantifican los objetivos de distribución, estructura y crecimiento de la población, se refleja la opinión de que una rápida estabilización de la población mundial contribuiría considerablemente a la consecución del objetivo primordial del desarrollo sostenible.

Según las estimaciones y proyecciones de las Naciones Unidas, en 1999 la población mundial sobrepasará por primera vez los 6.000 millones de habitantes, de los que cerca del 80% vivirán en países en desarrollo. En función de la calidad y magnitud de las medidas adoptadas en los próximos cinco a diez años en materia de política de población y salud reproductiva, incluida la prestación de servicios de planificación de la familia, la población mundial se situará entre 6.900 millones y 7.400 millones de habitantes en el año 2015. En la mayoría de los países las tasas de natalidad y mortalidad muestran una tendencia decreciente, pero como la tendencia sigue ritmos diferentes en cada país, la imagen global es la de un mundo en el que las situaciones demográficas son cada vez más diversas. La población en edad reproductiva continúa creciendo a una tasa ligeramente más elevada que la población en su conjunto, como reflejo del gran número de jóvenes que llegan a la edad de procrear. En el Programa de Acción se subraya justamente la necesidad de integrar plenamente las cuestiones de población en las estrategias y en la planificación del desarrollo, teniendo en cuenta la interrelación existente entre esas cuestiones y los objetivos de erradicación de la pobreza, seguridad alimentaria, vivienda adecuada, empleo y servicios sociales básicos para todos, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras a través de políticas y programas adecuados de población y desarrollo.

El examen de los progresos realizados en los últimos cinco años demuestra que la aplicación de las recomendaciones del Programa de Acción ha dado resultados positivos. Muchos países han adoptado medidas para integrar las cuestiones de población en sus estrategias de desarrollo. En la mayoría de los países la mortalidad ha continuado descendiendo en los cinco años transcurridos desde la aprobación del Programa de Acción. Un número cada vez mayor de países acepta la definición amplia de salud reproductiva elaborada por la Conferencia y muchos procuran prestar servicios integrales. El aumento de la utilización de métodos de planificación de la familia indica que es mayor el acceso a los servicios correspondientes y que un número creciente de individuos y parejas tienen la posibilidad de escoger el número de sus hijos y el espaciamiento entre sus nacimientos. Muchos países, tanto de origen como de destino de las corrientes migratorias, han adoptado medidas importantes, en particular a nivel regional, para lograr una mejor ordenación de las migraciones internacionales mediante acuerdos bilaterales y multinacionales. Además, numerosas organizaciones de la sociedad civil contribuyen a la formulación y aplicación de políticas, programas y proyectos, tanto por su propia cuenta como en asociación con organizaciones gubernamentales e intergubernamentales y con el sector privado.


Sin embargo, en algunos países y regiones los progresos han sido limitados y en algunos casos se ha retrocedido. La mujer y la niña siguen siendo objeto de discriminación. La pandemia del virus de inmunodeficiencia humana y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA) ha provocado el aumento de la tasa de mortalidad en numerosos países, en particular en el África subsahariana. La mortalidad y morbilidad de adultos y niños producida por enfermedades infecciosas, parasitarias y transmitidas por el agua, como la tuberculosis, el paludismo y la esquistosomiasis, siguen haciendo estragos. La morbilidad y la mortalidad maternas se mantienen en un nivel inaceptablemente elevado. Los adolescentes siguen particularmente vulnerables a los riesgos de la salud reproductiva y de la salud sexual. Millones de parejas e individuos siguen sin acceso a los servicios y a la información en materia de salud reproductiva. El aumento de la tasa de mortalidad de adultos, en particular de los hombres, preocupa especialmente a los países con economías en transición y a algunos países en desarrollo. Las repercusiones de las crisis financieras en los países del Asia y en otras partes, así como los programas ambientales a largo plazo y en gran escala en Asia central y en otras regiones, afectan a la salud y al bienestar de los individuos y limitan los progresos en la ejecución del Programa de Acción. Pese al objetivo del Programa de Acción de reducir las presiones que provocan los movimientos de refugiados y de personas desplazadas, su situación sigue siendo inaceptable.

Para lograr las metas y los objetivos del Programa de Acción se necesitarán recursos internos y externos suficientes, una actuación decidida por parte de los gobiernos y asociaciones eficaces y transparentes. Para acelerar su ejecución es preciso superar una serie de limitaciones financieras, institucionales y humanas. La aplicación de las medidas esenciales del presente documento y de las diversas recomendaciones del Programa de Acción exigirá un mayor compromiso político, el desarrollo de la capacidad nacional, una creciente asistencia internacional y recursos internos cada vez mayores. Factor igualmente crítico para el éxito de la ejecución del Programa de Acción es el establecimiento eficaz de prioridades dentro de cada contexto nacional.

Para la aplicación y ejecución del Programa de Acción es necesario un enfoque integrado de la elaboración de políticas, la planificación del desarrollo, la prestación de servicios, la investigación y el seguimiento a fin de utilizar los escasos recursos para conseguir un mayor valor agregado y promover la coordinación intersectorial.

El presente documento se basa en los resultados y las conclusiones de exámenes intergubernamentales realizados bajo los auspicios de las Naciones Unidas, incluido el examen y la evaluación anuales y quinquenales realizados por la Comisión de Población y Desarrollo y las reuniones y los informes de las comisiones regionales de las Naciones Unidas sobre los progresos realizados y las dificultades advertidas en la ejecución del Programa de Acción.

Al recomendar las medidas esenciales contenidas en el presente documento, los gobiernos renuevan su compromiso permanente con los principios, metas y objetivos del Programa de Acción. Los gobiernos y la sociedad civil a nivel nacional, en asociación con la comunidad internacional, deberían unirse en sus esfuerzos para lograr la consecución de las metas y los objetivos de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo lo antes posible, con especial atención a los que se deberían conseguir en los veinte años de vigencia del Programa de Acción.


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